Que ganas de salir, de gritar, de correr, ser abrazada por el viento y la
lluvia.
Que ganas de que el fuego me consuma por dentro y poder desatar, las pasiones
reprimidas a veces por miedo.
Que ganas de no temer, de no temer los abrazos sinceros y las caricias
inocentes.
Ganas locas de cantar y bailar desnuda bajo la luna, que ilumina todo a su
paso.
La luna que visita mi ventana en estos momentos, en que el calor del día aun
no abandona mi cuerpo y me hace imposible terminar mis tareas diarias y
conciliar el sueño.
Ganas de no soñar y hacer realidad cada cosa que venga a mi mente.
Ganas de plasmar cada idea y que sea tal cual como lo había imaginado, sin
detalle alguno por reparar.
Ganas de enredarte entre mis piernas y caer rendida.
Ganas de dormir en tu pecho, solo escuchando tu respiración.
Ganas de ver amaneceres por el mar.
Ganas de bañarme desnuda y no temer al qué dirán.
Ganas de dejar de ser juzgada y de temer al jurado implacable que día a día
tiene algo que decir.
¿Miedos?
Millones de miedos, cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo,
envuelven todo mi ser.
Me reprimen de ciertas cosas y me alientan a otras.
Vencerlos es lo más vertiginoso que he vivido y a la vez lo más
gratificante.
La montaña rusa de poder desplegar mis alas y vivir es increíble.
Mirar los miedos desde la altura, contemplar el paisaje y respirar el aire
puro es una bendición.
¡Quiero miedos!
Más miedos en el día a día, para poder vencerlos poco a poco, para que con
los nuevos, pueda encontrar la forma, de enfrentar esos que están un poco más
arraigados.
Ya no temo recibir amor, ya no temo amar.
Me amo.
Y con eso basta para seguir venciendo obstáculos y miedos, en el diario
vivir.
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